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Un antes y un después

Los dos grandes cierran un semestre que pasará al recuerdo como uno de los peores de sus respectivas historias, y las razones se pueden atribuir a varios factores. Desde un rendimiento que no estuvo a la altura de lo que los clubes representan hasta la epidemia de lesiones que ambos sufrieron y las vergonzosas actuaciones internacionales; en todas las líneas que rodean a un equipo de fútbol, tanto Peñarol como Nacional fallaron estrepitosamente. Pero en el caso de los carboneros, se puede identificar un hecho que marcó un claro antes y después: la lesión de Leonardo Fernández.

EL EMBLEMA MIRASOL

Luego de un exuberante 2024, con una campaña de Peñarol que resonó en toda la región, Leo Fernández se convirtió en el emblema del club tras la compra histórica de su ficha. Sin embargo, no repitió su mismo nivel en 2025 y tampoco deslumbró de la misma manera en el comienzo de 2026. Pero a pesar de eso -y de llegar a estar en el centro de las críticas- el 10 carbonero continuó como la figura principal, el jugador a tener en cuenta por los rivales. En cualquier momento, Fernández podía volver a “despertar” su versión de hace dos años.

De esta manera, tanto Diego Aguirre como todo Peñarol depositaron su confianza absoluta en su gravitación y construyeron un proyecto excesivamente dependiente de él. Pero mientras jugó, funcionó. Fernández no solo se convirtió en la estrella del equipo, sino también en un líder anímico.

En 2026, su versión estelar no reapareció, pero su mera presencia en la cancha generaba movimientos, desequilibrios y oportunidades. Por otro lado, su figura como referente también absorbía todas las críticas, al mismo tiempo que sostenía los ánimos del equipo y la ilusión de los hinchas; les permitía refugiarse y recuperar la confianza ante los malos resultados. Así de grande es el peso de la mochila de un ídolo.

Pero en la planificación de la temporada, tanto Aguirre como el club cometieron un grave error, que fue no haberse planteado un escenario hipotético en que el 10 no estuviera en la cancha. Y dicho problema se hizo realidad a comienzos de abril, cuando se confirmó la peor noticia: rotura de ligamento cruzado anterior.

PUNTO DE INFLEXIÓN

La lesión de Fernández cayó como un verdadero baldazo de agua helada en Peñarol, y la consecuencia de su ausencia, así como de la falta de un sustituto natural, fueron inmediatas.

Solo basta con mirar los datos de Peñarol del antes y después para entender la magnitud del impacto:

Peñarol con Leo Fernández:

-12 partidos | 8 victorias, 2 empates y 2 derrotas (26 puntos de 36 posibles)

-Campeón de la Supercopa ante Nacional

-Triunfo clásico en el Gran Parque Central.

-Segundo en el Torneo Apertura con 22 puntos, a un punto del líder, Racing.

-Tres triunfos, un empate y una derrota como local

-Convirtió 19 goles y recibió ocho

Peñarol sin Leo Fernández:

-13 partidos | 3 victorias, 4 empates y 6 derrotas

-Racha de siete partidos consecutivos sin ganar

-Perdió el Torneo Apertura

-Último en su grupo de Copa Libertadores con tres puntos y sin ganar ningún partido; eliminado de toda competencia internacional.

-Un triunfo en ocho encuentros como local

-Convirtió 13 goles y recibió 19

UN PROBLEMA SIN SOLUCIÓN

Con la lesión de Leo Fernández, Peñarol se enfrentó a un escenario para el que no se había preparado.

En 2025, el club contrató a David Terans, quien a pesar de haber sido incorporado con el objetivo de compartir cancha con el 10, quedó relegado como su sustituto. El mismo sustituto que hoy Peñarol soñaría con tener tras la baja de su estrella.

Cuando terminó la temporada pasada, con Terans fuera de acción meses antes por una lesión, Peñarol decidió prescindir de los servicios del delantero para el 2026 y este regresó al Fluminense, donde actualmente no es considerado por el entrenador argentino, Luis Zubeldía. Terans era un jugador capaz de maquillar la ausencia de Fernández y ya lo demostró en un momento medular de la pasada temporada, donde fue la figura carbonera en el duelo de octavos de final de la Copa Libertadores ante Racing de Avellaneda. Fernández salió lesionado en el comienzo del duelo de ida, Terans lo reemplazó y convirtió el gol de la victoria. Ahora, cuando Peñarol más necesita esa opción, no está disponible.

De esta manera, el equipo de Aguirre se desdibujó. No solo en lo futbolístico, sino que también se desmoronó en cuanto a la actitud. Un problema sin solución, ya que ningún jugador del actual plantel carbonero logró asumir el rol ni la gravitación que el 10 cumplía dentro de la cancha, tanto en lo técnico como en lo anímico.

Los partidos siguientes a la baja de Fernández mostraron a un equipo en “shock”: desorientado, desmotivado e irreconocible respecto al del comienzo del año que, de hecho, tampoco brillaba. Incluso algunas individualidades que se lucieron durante la primera parte, como Eric Remedi o Matías Arezo, se apagaron.

Algunos jugadores, como Leandro Umpierrez o Diego Laxalt, o incluso los pocos minutos del “Cepillo” Franco González, pretendieron por momentos cumplir la función de Fernández dentro de la cancha, como enlace entre el mediocampo y el ataque. Pero la realidad es clara: ninguno comparte las características de la estrella mirasol.

Como resultado, Peñarol cayó en un profundo pozo del que todavía sigue sin reponerse y donde solo cosechó fracasos, dejando en el camino objetivos cruciales como la competencia internacional. Y en el plano local, que ahora es lo único que le queda, el equipo de Aguirre ha desperdiciado oportunidades hasta el cansancio, perdiendo puntos que duelen.

La epidemia de lesiones, por otra parte, es un tema que no puede pasarse por alto a la hora de analizar el mal momento de Peñarol. Han hecho de la planificación de los partidos una pesadilla para Aguirre. El parate por el Mundial representa un tanque de oxígeno en este sentido.

Pero ninguna baja generó tanto impacto como la de Leo Fernández. Incluso con el resto de los jugadores en óptimas condiciones, a Peñarol le seguiría faltando su máximo referente en la cancha, al que hoy extraña más que nunca y que posiblemente no volverá a tener disponible hasta la próxima temporada. La pausa por la Copa del Mundo trae, además, un nuevo mercado de pases, y allí, tanto Aguirre como Peñarol, no pueden fallar en la búsqueda de un sustituto.

La baja de Leonardo Fernández marcó un quiebre profundo en Peñarol, tanto en rendimiento como en resultados, y dejó un vacío que el equipo no logró cubrir.

Fuente original: www.tenfield.com.uy →